La integración de nuevos equipos es uno de los procesos más importantes dentro de cualquier organización. Incorporar nuevas personas es mucho más que explicarles cuáles serán sus funciones o presentarles a sus compañeros. Tanto si se trata de un equipo de nueva creación como de un nuevo miembro dentro de un equipo consolidado, este proceso tiene un impacto directo en la motivación, el sentimiento de pertenencia y, en definitiva, en el rendimiento de la organización.
Las empresas dedican muchas horas a definir procesos de acogida, formaciones técnicas y reuniones informativas. Todo esto es imprescindible. Sin embargo, a menudo queda pendiente un aspecto fundamental: la conexión humana.
Para que un equipo funcione, no es suficiente con que las personas conozcan los objetivos de la empresa. También es necesario que aprendan a escucharse, a confiar las unas en las otras y a sentir que forman parte de un mismo proyecto.
Es aquí donde la música y, especialmente, la percusión, pueden aportar un valor extraordinario.
Cuando un equipo todavía no es un equipo
Es habitual que los nuevos equipos pasen por una primera fase en la que cada persona observa su entorno antes de participar activamente.
- ¿Quién lidera?
- ¿Cómo se toman las decisiones?
- ¿Cuál es el grado de confianza entre compañeros?
- ¿Cuál es la cultura real de la empresa más allá de lo que dice el manual de acogida?
Durante este período aparecen ciertas inseguridades naturales. Algunas personas tienden a hablar poco. Otras prefieren observar. También hay quien intenta demostrar rápidamente sus capacidades.
Todo forma parte del proceso.
El problema aparece cuando esta fase se alarga demasiado tiempo.
Un equipo que todavía no se ha conocido de verdad suele comunicarse menos, compartir menos ideas y trabajar con más prudencia de la necesaria.
Por eso muchas organizaciones deciden acelerar este proceso mediante actividades de cohesión.
La música elimina muchas barreras
Cuando se propone una actividad de percusión, a menudo aparece una primera reacción:
“Yo no tengo ritmo.”
Es una frase muy habitual.
Y también es una de las primeras barreras que desaparecen.
La percusión que se utiliza en actividades de cohesión no busca crear músicos. Busca crear experiencias compartidas.
No es necesario saber leer música.
No es necesario tener experiencia.
No hay exámenes ni interpretaciones individuales.
Solo hay que escuchar, participar y dejarse llevar por el ritmo del grupo.
Este hecho sitúa a todas las personas en un mismo punto de partida.
El director y la persona que acaba de incorporarse a la empresa comparten exactamente el mismo reto.
Y esto genera una igualdad muy difícil de conseguir en otros contextos.
Escuchar antes de actuar
Una de las competencias más importantes dentro de cualquier organización es la escucha.
No solo escuchar las palabras.
Escuchar los tempos.
Los silencios.
Los ritmos de trabajo.
Las necesidades de los demás.
Cuando un grupo interpreta una secuencia de percusión corporal o construye una pieza con tubos Boomwhackers, pronto descubre que tocar más fuerte o más rápido no ayuda.
Lo que realmente hace que la música funcione es escuchar al conjunto.
Curiosamente, es exactamente lo mismo que ocurre dentro de una empresa.
Los equipos más eficientes no son necesariamente los que tienen los mejores profesionales de manera individual.
Son aquellos que han aprendido a coordinarse.
Un lenguaje universal
En empresas internacionales conviven personas de culturas muy diferentes.
Idiomas.
Experiencias.
Formaciones.
Maneras de comunicarse.
La música tiene una ventaja enorme: no necesita traducción.
Una pulsación es la misma en Barcelona, Berlín o Boston.
Por eso las dinámicas rítmicas funcionan especialmente bien en equipos multiculturales.
En pocos minutos desaparecen muchas de las barreras que habitualmente condicionan la comunicación verbal.
La importancia del juego
Los adultos a menudo dejamos de jugar demasiado pronto.
Cuando llegamos a una empresa, todo se vuelve serio.
Reuniones.
Objetivos.
Resultados.
Calendario.
Pero jugar continúa siendo una de las maneras más eficaces de aprender.
Cuando una actividad está bien diseñada, las personas ríen, se equivocan, vuelven a intentarlo y celebran los pequeños éxitos del grupo.
Sin darse cuenta, están construyendo confianza.
Y la confianza es la base de cualquier equipo de alto rendimiento.
La metáfora del ritmo
Una actividad de percusión es mucho más que música.
Es una metáfora del funcionamiento de un equipo.
Cada persona tiene un papel.
Cada intervención es importante.
Hay momentos para liderar.
Hay momentos para seguir.
Hay silencios tan importantes como los sonidos.
Cuando una persona acelera demasiado, el grupo lo nota.
Cuando alguien deja de escuchar, el resultado cambia.
Cuando todos comparten una misma pulsación, aparece una sensación de cohesión muy difícil de explicar con palabras.
Estas situaciones permiten generar reflexiones muy útiles sobre el funcionamiento real de los equipos.
Percusión corporal y Boomwhackers
Dos de las herramientas más utilizadas en este tipo de actividades son la percusión corporal y los tubos Boomwhackers.
La percusión corporal convierte el propio cuerpo en un instrumento.
Mediante palmadas, golpes suaves en el pecho, en los muslos o pequeños movimientos coordinados, el grupo construye patrones rítmicos de manera progresiva.
Es una disciplina muy dinámica, ideal para activar la atención y generar energía.
Los tubos Boomwhackers, en cambio, introducen un componente muy visual y colaborativo.
Cada tubo produce una nota diferente.
Por separado tienen poco sentido.
Juntos crean melodías y armonías sorprendentes.
Es una metáfora perfecta de cualquier organización: el valor no aparece en las individualidades, sino en la coordinación.
Más allá del día de la actividad
Un buen teambuilding no termina cuando las personas vuelven a su mesa.
Las experiencias compartidas generan recuerdos comunes.
Días después, es habitual escuchar comentarios como:
“¿Recuerdas cuando conseguimos hacer aquel ritmo?”
Aquella vivencia se convierte en un punto de referencia positivo dentro de la historia del equipo.
Es un pequeño detalle.
Pero son estos pequeños detalles los que construyen cultura de empresa.
Corella Music Experience
En Corella Music Experience utilizamos el ritmo como una herramienta para conectar personas.
Cada sesión está diseñada para que los participantes vivan en primera persona conceptos como la escucha activa, la coordinación, la confianza y el trabajo en equipo.
Lo hacemos mediante disciplinas como la percusión corporal, los tubos Boomwhackers, el círculo de tambores y dinámicas inspiradas en TaKeTiNa y el coaching de equipos.
No es necesario tener conocimientos musicales.
El protagonismo no es la música.
El protagonismo son las personas.
Cada actividad se adapta a los objetivos de la organización y al perfil de los participantes, ya sea un equipo que acaba de formarse, un departamento que incorpora nuevos profesionales o una empresa que quiere reforzar su cohesión.
Una inversión en las personas
Las organizaciones cambian constantemente.
Llegan nuevos profesionales.
Se crean nuevos departamentos.
Se fusionan equipos.
Todo esto exige construir relaciones de confianza en poco tiempo.
Invertir en la integración de nuevos equipos no es un lujo. Es una manera de acelerar la comunicación, facilitar las relaciones de confianza y construir equipos más cohesionados.
Según Gallup, una experiencia de onboarding excepcional es clave para crear un vínculo emocional entre los nuevos profesionales y la organización, factor decisivo para aumentar el compromiso, la integración y el rendimiento de los equipos.
Porque, al final, las empresas no las forman solo los procesos ni las herramientas tecnológicas.
Las forman las personas.
Y cuando las personas aprenden a escucharse, a coordinarse y a crear conjuntamente, el ritmo deja de ser solo música.
Se convierte en una nueva manera de trabajar.
Si vuestra organización está incorporando nuevos profesionales o queréis reforzar la cohesión de un equipo, Corella Music Experience os ofrece una experiencia vivencial, participativa y adaptable a cualquier entorno empresarial.
A veces, una hora compartiendo ritmo puede hacer más por un equipo que muchas reuniones.



