Una actividad que funciona especialmente bien con adolescentes es el coaching con percusión. Desde hace años ofrezco esta propuesta en institutos, espacios educativos y actividades juveniles, y el retorno suele ser muy positivo. El motivo es bastante claro: combina expresión, participación activa, creatividad y trabajo en equipo de una manera muy vivencial y alejada del formato académico convencional.
La adolescencia es una etapa intensa. Hay cambios constantes, necesidad de pertenencia, inseguridades, necesidad de expresarse y, al mismo tiempo, mucha energía acumulada. A menudo se pide a los adolescentes que escuchen, memoricen y cumplan objetivos, pero no siempre se les ofrece un espacio donde crear, decidir y construir conjuntamente. Aquí es donde la música, el ritmo y la percusión para adolescentes pueden tener un papel muy potente.
Cuando hablo de coaching con percusión no me refiero a hacer terapia ni tampoco a una clase de música tradicional. Se trata de un proceso grupal en el que los participantes tienen voz, deciden objetivos y aprenden a coordinarse para llevar una idea a la práctica. El ritmo se convierte en una herramienta para trabajar habilidades como la escucha, la atención, la comunicación, la creatividad y la cooperación.
¿Cómo empezamos?
Normalmente, el proceso comienza con presentaciones y algunos juegos rompehielos para generar confianza y crear un ambiente más relajado. A partir de aquí exploramos diferentes disciplinas de ritmo y percusión que utilizo habitualmente: percusión corporal, tubos boomwhackers y círculo de tambores. El hecho de que no sea necesaria experiencia musical previa es importantísimo. Cualquier persona puede participar desde el primer momento.
La percusión corporal ayuda mucho a activar el grupo y conectar con el propio cuerpo. También permite trabajar coordinación, concentración y memoria de una manera muy dinámica. Los tubos boomwhackers aportan color, juego y una sensación inmediata de música compartida. Y el círculo de tambores genera cohesión y una experiencia muy física de grupo, en la que cada persona tiene un rol dentro del conjunto.
Diferentes estudios y profesionales del ámbito de la música y el desarrollo emocional destacan que las actividades de ritmo y percusión pueden favorecer la cohesión grupal, la comunicación y la autorregulación emocional en niños y adolescentes. Puedes leer más en este artículo de Psychology Today sobre los beneficios del drumming: Drumming for Development: How Drumming Helps Children.
Lluvia de ideas
Después de esta primera exploración llega una de las partes más interesantes: la lluvia de ideas. El grupo decide qué quiere construir con las herramientas que acaba de descubrir. Este punto es clave porque transforma a los participantes en creadores. Ya no son solo alumnos haciendo una actividad dirigida; pasan a ser parte activa del proyecto.
Las ideas pueden ser muy variadas. A veces surge la creación de una pieza rítmica conjunta. Otras veces aparece la idea de hacer una escena tipo Stomp, combinando movimiento, teatro y percusión. También puede surgir la voluntad de inventar ejercicios nuevos, crear coreografías o incluso preparar una pequeña actuación final para compartir con otros compañeros o familias.
Plan de acción
Una vez definido el objetivo, trazamos un plan de acción. Aquí aparecen muchos elementos propios del coaching de equipos: reparto de roles, organización, toma de decisiones y responsabilidad compartida. Cada sesión suele comenzar con alguna dinámica corta de cohesión o reflexión grupal y después entramos en el trabajo práctico del proyecto.
Si, por ejemplo, se crea una pieza musical, se pueden hacer grupos diferentes dedicados a cada disciplina: un grupo trabaja la percusión corporal, otro los boomwhackers y otro los tambores. Más adelante se conectan todas las partes. Este proceso obliga a escucharse y coordinarse constantemente.
Cuando se trabaja una escena teatral, pueden aparecer nuevos roles: quién escribe, quién dirige, quién crea ritmos, quién propone movimientos o quién ayuda a estructurarlo todo. Esto permite que adolescentes con perfiles muy diferentes encuentren su lugar dentro del grupo.
Una de las cosas más interesantes es ver cómo cambia la energía de los participantes con el paso de los días. Adolescentes que al principio están tímidos o desconectados acaban implicándose plenamente cuando sienten que forman parte de una creación compartida. El ritmo tiene esta capacidad: conecta a las personas de una manera directa y muy poco racional.
Coaching con percusión y cohesión de grupo
El coaching con percusión para adolescentes también es una herramienta muy útil para trabajar la cohesión, la confianza y la participación dentro del grupo. A través del ritmo, los adolescentes aprenden a escucharse, adaptarse a los demás y construir una experiencia conjunta donde todas las aportaciones tienen valor.
Este tipo de dinámicas de percusión para adolescentes permiten salir de los roles habituales que se generan dentro de un grupo clase o de un entorno educativo. Adolescentes que habitualmente participan poco, a menudo encuentran aquí un espacio más natural para expresarse e implicarse.
Enfoque de actividad de empresa
Este enfoque está muy relacionado con la filosofía de mis actividades de Corella Music Experience. Aunque habitualmente trabajo con empresas y equipos profesionales, la base es la misma: generar experiencias compartidas a través del ritmo para que las personas aprendan a escucharse, coordinarse y crear conjuntamente.
En el caso de los adolescentes, esto adquiere todavía más valor, porque muchas veces no necesitan grandes discursos, sino experiencias reales donde puedan participar, probar, equivocarse y construir algo con otras personas.
El ritmo es una herramienta muy antigua, pero sigue siendo extraordinariamente efectiva para generar conexión humana. Y cuando esta conexión aparece dentro de un grupo de adolescentes, pasan cosas muy interesantes.



