Nuestra biología indica que la voz fue la primera forma de expresión humana que apareció. Seguidamente llegó la percusión. Poco a poco, estos dos recursos naturales fueron evolucionando hasta convertirse en complejos sistemas de comunicación y de arte. Podemos afirmar que la música fue el primer arte humano. Se han encontrado culturas que no utilizan ni la pintura ni la escultura, pero no se ha encontrado ninguna que no tenga música, ya sea una sencilla canción de cuna, un canto ritual simple y repetitivo o la más sofisticada sinfonía de varias voces y timbres.
Este origen compartido nos ayuda a entender los beneficios de combinar voz y percusión corporal, dos herramientas que forman parte de nuestra naturaleza más profunda.
El “Para qué” del uso de la percusión corporal y la voz
En sus inicios, la finalidad de la percusión corporal y la voz no era entretener, como suele ocurrir hoy en día; la finalidad era reforzar la supervivencia del grupo: cohesionar y sincronizar, y también se utilizaba en rituales, además de ser una forma de comunicación dentro de la comunidad y entre comunidades.
Cabe destacar que el ritmo y la voz ya están incorporados al cuerpo desde los inicios de la concepción; basta con realizar una auscultación cardíaca a las pocas semanas de vida del feto para comprobar el ritmo acelerado e hipnótico del corazón del bebé.
Más adelante encontramos el ritmo en la respiración, en el caminar… La voz entra en escena a partir del primer llanto que hacemos cuando nacemos. La percusión corporal en sí aparece después, cuando empezamos a expresarnos diciendo “soy yo”, golpeándonos el pecho, o dando palmadas cuando celebramos algún hecho.
El ritmo es probablemente la tecnología más antigua que tenemos para crear cohesión entre los humanos. El ritmo común genera confianza, un detalle importantísimo a la hora de crear una comunidad que haga posible la supervivencia de la especie. Aquí encontramos uno de los grandes beneficios de combinar voz y percusión corporal: generar cohesión real a través del ritmo compartido.
Cómo aplico la voz y la percusión corporal en mis actividades
En las actividades que ofrezco que incluyen percusión corporal, tubos boomwhackers y círculo de tambores, utilizo la voz porque es el elemento que más nos conecta y nos unifica. No hace falta cantar ni tocar nada complicado; solo hace falta hacerlo juntos y de forma armónica.
En una actividad de percusión corporal empezamos con patrones sencillos golpeándonos el pecho (reafirmando el “soy yo y estoy aquí”) y dando palmadas (símbolo de celebración). Podemos aumentar un grado la dificultad golpeando con los pies en el suelo (anhelamos arraigarnos, todos). La incorporación de dos extremidades nuevas a la ecuación del ritmo aumenta exponencialmente la complejidad de un patrón (“patrón” es una serie de golpes concretos colocados en un orden elegido) de manos y pies. A partir de aquí entra en juego la voz: frases cortas y sencillas que todo el mundo puede articular y cantar. La magia puede hacer acto de presencia: comunión, conexión, creatividad, presencia y disfrute.
Culturas que han desarrollado un nivel rítmico extraordinario desde hace milenios
Siguiendo con la estrecha conexión entre la voz y la expresión musical con instrumentos, encontramos en culturas como la hindú, con miles de años de tradición musical, que todo lo que se quiere expresar musicalmente se canta. Posteriormente el intérprete traslada esa melodía o patrón rítmico al instrumento, ya sea una tabla, sofisticado instrumento de percusión que requiere un estudio intenso solo para empezar a desentrañar sus secretos, o se trate de un instrumento de cuerda como el Rudra Veena. En la forma tradicional, a nadie se le ocurriría darle un tambor a un niño para que haga lo que le apetezca. No. En las culturas musicalmente complejas y con una larga evolución de milenios, como la hindú, primero hay que aprender a cantar las melodías ancestrales para, posteriormente, pasarlas al instrumento elegido.
También relacionado con la voz y la percusión, en África encontramos los tambores batá. Para los africanos de la zona del suroeste (el pueblo yoruba, hoy en día habitantes de Togo, Nigeria y Benín), estos tambores expresan la voz de Ayan, el gran espíritu del tambor. Ellos y ellas, cuando escuchan una pieza tocada con batás, no oyen “unos tambores tocando”, sino que escuchan al Gran Espíritu “hablando”, literalmente.
Conclusión
Las culturas que desde tiempos ancestrales han desarrollado más el ritmo no se han relacionado con él como una técnica que aprender, sino como una forma de organizar la conciencia, y la voz es el mejor inicio.
Entender los beneficios de combinar voz y percusión corporal desde esta perspectiva nos permite ir más allá de la técnica y entrar en el ámbito de la conexión, la presencia y la cohesión real.
Con esta reflexión en mente es como diseño las actividades de conexión de equipos que ofrezco: Corella Music Experience, Ritmo Vital, Ritmos que transforman, Percusión Corporal y Tubos Boomwhackers.



